El logotipo se diseñó como una marca visual en lugar de un tratamiento tipográfico estándar, creado para leerse como una imagen, con formas de letras que transmiten la suavidad orgánica de una huella. Lo suficientemente distintivo como para registrarse como marca por derecho propio, y lo suficientemente versátil como para adaptarse a todos los tamaños de envases y tarjetas de collares.
El color y el patrón hicieron el trabajo pesado en el estante. Cada línea de productos recibió sus propios colores intensos y saturados: rosa frambuesa, amarillo plátano, azul arándano, morado intenso, lo que facilitó la navegación instantánea. Formas florales orgánicas cubrieron los fondos de los envases, haciendo referencia a los ingredientes naturales sin que la marca pareciera clínica.
Los conceptos de aroma se trataron como identidad de marca, no como especificaciones del producto: suflé de frambuesa, cacao con malvaviscos, plátano. No solo fragancias, sino personajes. Esa capa de narración separó a Bonsy de todos los champús que se venden basándose únicamente en su función.